2 de diciembre de 2016

¿Por qué siempre se van los mejores?

Hola papá,

Parece que hoy tenéis una nueva estrella brillando ahí arriba. Tienes que prometerme que irás a su encuentro para que se sienta como en casa, ¿vale?

Seguro que la recuerdas por haberla visto en mis fotos, pero por si te despistas con todo el tráfico que seguro hay a estas horas, te daré unos cuantos detalles que te harán reconocerla al instante.

Kristi tiene la sonrisa más bonita del mundo, de ésas que enganchan desde el primer momento en que te cruzas con ella, y una mirada alegre y dulce que invita a querer quedarte. Su voz es sinónimo de calma y su risa, su risa suena a luz de verano. Su acento al hablar es cantarín cuando lo hace en argentino. Como tu inglés, a pesar de tu empeño, nunca fue para tirar cohetes, mejor lánzate en castellano desde el principio, si no no habrá quien te entienda. Cuando te reconozca, que seguro que lo hace, la imagino soltándote un "¡Ché, Pepe, vení que te abrace!" mientras se dirige a ti con los brazos bien abiertos. Cuando la abraces sentirás como si todo el amor del mundo te envolviera por unos instantes, porque Kristi es eso: amor.

Cuando os hayáis encontrado, llévala a conocer a mamá. Me haría mucha ilusión que hablaran un rato, y que le deis así todos los besos que yo ya no podré darle.

Ahí arriba, desde hoy, tenéis mucha más luz porque está ella, y las noches sin luna serán mucho menos oscuras y frías. Aquí abajo nos quedamos algo más desangelados.
¿Sabes? Siempre os marcháis los mejores.

Cuando te invite a tomar mate con alguna de sus tartas, no te lo pienses ni un segundo. Yo aún saboreo en sueños las que hacía cada noche en Chicago, o la masa congelada de las chocolate chip cookies que nos comíamos a cucharadas. Dile, por cierto, que el otro día se partió una de las tazas medidoras que me regaló, pero que pienso seguir gastándola porque sé que si los pasteles salen siempre ricos es porque ella les da su toque.

Ya sé que siempre estoy dándote faena, papá, pero tienes que prometerme que vas a estar pendiente de Arthur, Nathan y Josiah, que acaban de perder a la mujer de su vida, y que necesitarán ahora todo el calorcito y la magia de las estrellas.

No puedo parar de llorar, y se me hace muy difícil ver las letras del teclado. Me parece tan injusto todo esto. Has de saber que Kristi ha luchado contra el cáncer tanto como tú, y como tú, lo ha hecho sin perder esa bonita sonrisa de la que antes te hablaba, y sin olvidarse de seguir repartiendo amor a todos los ha tenido a su lado en esta guerra tan dura. 

Sigo sin comprender... ¿por qué siempre os vais los mejores?

Con ella, un trocito de mí sube hoy hasta tu estrella para que me des un abrazo de esos largos, de los que me envolvían mientras me escondía en tu cuello pidiendo que no te marcharas nunca. 

Me vas a permitir que, desde hoy, cada mañana, cuando os dé los buenos días, se los dé también a Kristi. A ver si ahora que estáis los tres juntos os animáis a bajar a desayunar cualquier fin de semana. Ya sabes que me chifla preparar desayunos especiales y disfrutar de la vida con los míos, mientras dejamos que la luz del sol nos caliente las sonrisas y dejamos que el tiempo vaya más despacito que de normal.

Siempre os marcháis los mejores. 

Y la vida sigue. Con sus prisas, sus rutinas, sus días grises y sus días de colores, sus momentos maravillosos, sus personas bonitas... Y sus golpes. El de hoy ha sido de los más duros para mí, y me ha dejado totalmente roto el corazón.

Cuida mucho de Kristi, papá. Es una de las personas más hermosas que he conocido nunca, y me siento muy afortunada por haber compartido con ella parte de mi vida y de saber que siempre tuve un lugar en su corazón, a pesar del enorme océano que nos separaba. Ahora la suerte la tienes tú, que la vas a tener para siempre bien cerquita. Verás que sonrisa más linda dibuja su cara cada día.

Volveremos a encontrarnos, Kristi. Buen viaje, valiente. Déjanos aquí abajo un poquito de tu luz, que nos va a hacer mucha falta.
Luv ya, sister! To the Moon and back!

¿Por qué siempre se marchan los mejores?

Con M de Mami y K de KRISTI ALLEN MORAN 

25 de noviembre de 2016

NI MENOS, NI MÁS. SÓLO IGUALES.

Queremos venderle la cabra a nuestros hijos con eso de que todos somos iguales. Queremos hacerles creer que nacemos iguales, seamos hombres o mujeres, y que así debemos llegar a viejos. Y, sin embargo, día a día, toleramos actitudes, gestos y palabras en forma de micromachismos disimulados que se camuflan dentro de la normalidad más absoluta.
Las mujeres hemos de cuidar muy mucho cómo nos vestimos. Ni demasiado cortas, ni demasiado largas, no vaya a ser que hagamos pensar al que pasa que somos putas o somos frígidas. 
Las mujeres hemos de pensar cuál es el mejor momento para tener hijos y parir. Si ocurre siendo jóvenes, somos putas, si lo alargamos o elegimos que no ocurra nunca, solteronas, raras o frígidas de nuevo. 
Y si elegimos ser madres debemos pensar siempre en nuestros jefes, no sea que no venga bien nuestro (extenso) permiso maternal a los que están por arriba y acabemos en la calle con excusas como "es que necesitamos reducir plantilla".
Las mujeres tenemos que estar muy delgadas, o muy gordas, o ser finas, o con curvas, o con mirada felina, o con mirada inocente y aniñada... Siempre según dictamine la moda. Nunca según el cuerpo que nos haya tocado en suerte. Nos hipersexualizan desde niñas y nos venden la moto de que gusta más una mujer insegura y frágil que una guerrera que sonríe cada día desafiando al mundo y sus circunstancias.
Las mujeres...
Las mujeres llevamos una carga histórica detrás bastante importante. Y el mundo cada vez está más cabeza abajo, con lo que no parece que el tema quiera mejorar.
Ni putas, ni frías, ni ñoñas, ni solteronas, ni demasiado jóvenes, ni demasiado viejas, ni excesivamente gordas, ni excesivamente flacas.

NI MENOS, NI MÁS QUE LOS HOMBRES.
SÓLO IGUALES.

No se nos quiere por, simplemente, ser personas, y se nos exige una perfección inventada que no existe y que, en consecuencia, va cambiando al antojo de quienes manejan los hilos de todo. 
Pues con todo este percal, que da bastante miedo, yo deseo que mi hija tenga la suficiente fuerza como para cambiar el mundo con su granito de arena. Que se sienta segura y válida por su cabeza y no por su físico, que quiera y sepa luchar por sus metas sin la necesidad de la aprobación de alguien del otro sexo, que se vista como quiera sin que sus ropas estén supeditadas a la mirada y el pensar más o menos liberal o conservador de otros. Que se sienta libre de practicar el deporte que le dé la gana porque le guste y no porque sea de mujeres, y lo haga con el mismo orgullo que alguno de sus amigos pueda bailar ballet. Que sepa decir NO con tanta fuerza que nadie se atreva a desobedecerla. Que diga SÍ cuando realmente así lo sienta. 
Y sobre todo, espero de corazón que todo esto no le suponga una victoria en una guerra indefinida porque, mucho antes, el mundo ya haya dado un buen giro y estos deseos sean la pura realidad antes de que ella pueda soplar las velas de su tarta adolescente y pedirlos mientras lo hace.

NO A LA DISCRIMINACIÓN SEXISTA Y A LA VIOLENCIA DE GÉNERO. HOY Y TODOS LOS DÍAS.