22 de febrero de 2017

La piel de las madres

La empatía debería ser una cualidad inherente al ser humano. El caso es que no siempre es así y que, en ocasiones, encontramos a insectos más empáticos que algunas de las personas que nos rodean.
La capacidad de emocionarte cuando alguien a quien quieres te cuenta algo es una suerte.
La capacidad de ponerte en la piel del otro, de sentir de alguna manera su alegría, su miedo, su dolor, su tristeza, su sorpresa e, incluso, su frustración... Es una suerte.
Cuando dejas de ser tú para ser tú+tus hijos, cuando planificas tu vida dejándote a ti en segundo plano y teniéndolos como prioridad, sin que eso implique dejar de ser tú y tus circunstancias y momentos... La empatía pasa a otro nivel. Como cuando jugabas al Mario Bross en la Game Boy y pasabas de pantalla.
Y entonces amas sus alegrías casi más que ellos mismos, y sufres sus penas casi más que las tuyas propias. Te dejas la piel, tu piel, la que tiene esa capacidad de hacerse holograma y habitar el cuerpo de otro, por cuidar tanto de sus alegrías como de sus dolores, aunque no puedas evitar estos últimos y sepas que sólo ellos deben pasarlos para crecer, como tú has hecho.
Cuando tu "yo mujer" se divide en "mujer + madre", sabes que has de multiplicar tus fuerzas hasta el infinito para luchar contra tus fantasmas y los suyos. Cuando los suyos vienen en forma de enfermedad, por efímera que sea, la dichosa empatía sobrecarga la mochila de emociones que te dejan echa polvo y llorando en un rinconcito, aprovechando ese momento en que nadie te ve, porque sabes que, aun estando rota por dentro y fuera, es mejor si te pones tu piel de mamá superheroína y sales a por todas.
Pues, ¿sabéis qué? A veces las mamás nos rompemos. Muchas veces las mamás nos rompemos. Y lloramos.
A veces a escondidas, otras sin buscar rincones.
Y otras veces las madres nos quitamos el traje de heroínas porque nos hemos cansado de saltar de azotea en azotea, salvando el mundo y a los nuestros, y sin perder la sonrisa.
Muchas veces las madres nos mostramos al mundo tal cual somos: más humanas que nadie, más normales que nadie, más metepatas que nadie, más poco pacientes que nadie, más lloronas que nadie, más cansadas que nadie... Y es justo en todas y cada una de estas veces cuando más heroicas son nuestras acciones.
Porque aunque cansadas, tristes, quejicosas, dolidas, quemadas, preocupadas, enfadadas o, simplemente, humanas... Nunca jamás dejamos de sentir como nuestra la piel de los nuestros, y transformamos nuestra dermis en el manto más suave y cálido cuando los abrazamos aún estando rotas. 

Y es justo ahí cuando, simplemente humanas, totalmente humanas, nos convertimos en las mujeres más valientes del universo.

Dedicado a todas las madres valientes, luchadoras y, sobre todo, humanas. Ésas cuya piel, a veces, también necesita otro manto suave y cálido que las arrope.

12 de febrero de 2017

Las casualidades... ¡existen!

Después de cinco horas de elaboración del disfraz de Posidonia que tiene que llevar Pichu en carnaval, llego a varias conclusiones:

1. Me va a llegar, seguro, por correo el Máster en Patronaje que NUNCA añoré, así que tengo cubiertos los créditos de manualidades para, al menos, el próximo sexenio.

2. Que Daniela vaya de Posidonia en carnaval, que haya tenido que hacerle yo el disfraz y que mi primera clase de surf fuera en la escuela Posidonia, es castigo divino, casualidad, señal o, simplemente, cachondeo del mismísimo dios Neptuno.

3. Si yo soy la que hago el disfraz, debería ser yo quien recibe las instrucciones directamente (no el papi de la criatura, que era pobre quien estaba disponible en el momento) porque la puñetera lechuga marina casi acaba en divorcio.😂

4. Que las algas son buenas para la salud es un mito. A mí me han aumentado el nivel de estrés y la mala leche en cuestión de cero coma, como consecuencia mi piel está más irritada, nada de culitos de bebé y demás milongas marinas.

5. Que en mi próxima salida supera o surfera miraré a las lechugas de agua de manera diferente, aún no sé si con amor o con odio, pero desde luego que la emoción será altamente intensa.

6. Definitivamente, mi futuro tatuaje será del mar, porque el sombrero-lechuga me queda divino. 😂😂😂😂

7. Que después de cortar unas 600 tiras de alga, 100 arriba, 100 abajo, haber tenido que añadir unas cuantas más para alargar el trajecito y haber pasado tooooda la tarde rodeada de bolsas de basura verdes, empiezo a dudar de que mi color favorito sea el verde y de si hacerme un tinte de ojos para cambiarles el tono.

8. Que si tengo el pelo rojo, vivo rodeada de lechugas y peces, echo de menos mi tabla y el agua y no soporto el pulpo... OMG!!! OH MY GOD!! ¡SOY ARIEL!

Así que, como diría alguien que conozco... ¡¡Las casualidades sí existen!!
Todo en esta vida ocurre por alguna razón.
Y yo ahora ya sé cuál era la mía.
¡Viva la Posidonia! 
😂😂😂😂😂