30 de junio de 2017

NUDOS.

Hoy he vuelto a casa con un nudo en el estómago.
Porque cuando quieres creer que sí hay posibilidades de salvar este mundo de locos, te vuelves a pegar el batacazo contra la farola.
No entiendo por qué los adultos nos empeñamos en complicarlo todo. Tenemos mucho que aprender de los niños.
Un niño, si quiere, quiere de verdad, sin reservas ni condiciones. Si besa, besa con los labios, la mirada y la sonrisa, porque quiere, sin remilgos, sin excusas. Si abraza, abraza eternamente, fuerte, cortando la respiración y casi haciéndote caer al suelo. Si se enfada, se enfada, pero al rato se le pasa, no guarda rencor, porque entiende mejor el derecho al error que un adulto.
Para los mayores... Todo es mucho menos sencillo. Nos da miedo querer de verdad cuando no podemos evitarlo. Nos gusta buscarle tres pies al gato a todo.
Cuando nos preguntan nos damos por ofendidos.
Cuando nos sugieren nos damos por ofendidos.
Cuando otro expone sus ideas, contrarias a las nuestras, nos damos por ofendidos.
Cuando alguien viene con alguna historia nueva que nos hace salir de nuestra zona de confort... Arde Troya, y nos volvemos a ofender.
Los adultos tenemos tendencia a enfadarnos con el mundo, a predicar sin dar ejemplo, a hablar de respeto y tolerancia como quien habla de calcetines perdidos. Y en definitiva, a aburrir a los niños. Y acabamos haciéndolos a nuestra imagen y semejanza.
Por eso, cuando crecemos, perdemos en bondad, en naturalidad, en genuinidad y en disfrute. Porque los adultos vamos quitándole el brillo a los niños hasta que, por fin, son nosotros.
Y vuelta a empezar.
Miedo a querer.
Miedo a besar.
Miedo a abrazar.
Miedo a hablar.
Miedo a escuchar.
Miedo a mirar.
Miedo a cambiar.
Miedo a jugar.
Miedo a arriesgar.
Miedo a respetar
Miedo a VIVIR. Y a dejar vivir.

Hoy he vuelto a casa con un nudo en el estómago. Y en el corazón. Y lágrimas en los ojos e impotencia en el alma.
Quiero entender por qué tenemos necesidad de hacernos daño, si la vida ya es lo bastante puta casi a diario como para mantenernos en vilo sin necesidad de condimentos.
Hoy me ha dado penita la inhumanidad de los humanos. Así, a lo grande y partiendo de círculos pequeños.

Así pues, a todos los niños y niñas del mundo: "No crezcáis, es una trampa."

6 de mayo de 2017

M de Mamá

Cuando te conviertes en madre de quien has llevado durante tanto tiempo dentro de ti, o en tu corazón... NADA vuelve a ser igual, porque quien ha llegado viene para revolucionarlo absolutamente TODO.
Cuando te conviertes en madre, de pronto, todo tu alrededor parece saber más que tú, todos opinan y tú... Tú te sientes perdida en muchas ocasiones, a pesar de los millones de consejos y, en parte, gracias a tanto juicio y tanta crítica.
Cuando te conviertes en madre, tus hormonas bailan a tal velocidad que te vuelves la persona más vulnerable y más fuerte a la vez. Lloras, ríes y te emocionas todo el tiempo, casi al momento. Por todo. Por cada avance, por cada duda, por cada cambio, por cada gesto.
Cuando te conviertes en madre tu mundo, que es casi más de tus hijos que tuyo, gira a la velocidad de la luz, te transformas en esa mujer orquesta que llega a todo, que estira los segundos, que se inventa la mejor comida del planeta con tan sólo un ingrediente y medio.
Cuanto te conviertes en madre... DUDAS MIL VECES, pero aunque casi nunca nadie te lo diga, también ACIERTAS MIL VECES con cada decisión que tomas, siguiendo tus corazonadas, y entonces aprendes, de verdad, lo que es el instinto animal; te vuelves la leona que lucha por salvar a sus cachorros de este mundo de locos.
Cuando eres madre... LLORAS tantas veces como RÍES. Sufres con cada mínimo dolor que padecen o con cada pequeña decepción que pasan. Te enfadas contigo misma y te exiges a niveles que jamás pensaste que te evaluarías.
Cuando eres madre asumes que vives subida a un vagón de montaña rusa, a diario, sin descanso, sin diferencia entre día y noche porque cada paso es una nueva aventura.
Cuando eres madre tienes los sentimientos a flor de piel, TODOS. Y a veces hablas dulce y otras no, y cuando es "no", te fustigas por haber elevado la voz, o haberte enfadado o, simplemente, por no haberte quedado más rato jugando con ellos porque tenías una lavadora esperando.
Cuando eres madre, casi siempre eres tu propio juez, el más severo, y también el más injusto, y no aceptas que igual que tus hijos necesitan cometer errores para aprender, tú también. Porque no hay manuales para ser madre, ni estudios, ni exámenes, y porque cada día es una novedad absoluta que tienes que resolver lo mejor que puedas.

Pues, MAMÁ, por si no lo sabes... Cuando te conviertes en madre eres la DEFINICIÓN PERFECTA DE ENTREGA, GENEROSIDAD, RESPETO, AMOR, TOTALIDAD, VALENTÍA, FUERZA, LUCHA, VALOR (que no valentía), EJEMPLO, DEDICACIÓN y APRENDIZAJE.

FELIZ DÍA A TODAS ESAS MAMÁS QUE AMAN INCONDICIONALMENTE, pero de verdad, desde el respeto y la admiración a sus hijos, con todo lo que eso implica.

FELIZ DÍA A TODAS ESAS MADRES QUE, a pesar del cansancio y los momentos complicados, SIENTEN QUE SUS HIJOS LES DAN LA VIDA, pero que cada noche, al besarlos y arroparlos... se olvidan de recordar que ELLAS SE LA DIERON ANTES A ELLOS, mientras los gestaban en su vientre o en su corazón, y que ése fue su primer gran acto de GENEROSIDAD y ENTREGA. 😊

FELIZ DÍA SÚPER MAMIS. 💖😍⭐